Niñatos políticamente muy correctos.

Dios, cómo echo de menos esas fantásticas sobremesas de verano, pegado al televisor, viendo cómo uno de mis pocos ídolos, Miguel Indurain, aplastaba al resto de rivales no solo con su innegable capacidad física, si no, también, con una inteligencia en carrera como no he visto jamás… hasta que llegó Nadal, claro.

Al tema. Me encantaba disfrutar con un deporte extremo, (si, para mi alguien que hace 40.000 kms al año en bici, es un deportista extremo) con un deporte que hace llegar a los que lo practican de manera profesional a hacer auténticas barbaridades físicas y, sobre todo, me encantaba ver cómo en un deporte tan sumamente físico, una cabeza fría y una chispa de viveza en los ojos, hacían a Miguel el mejor, año tras año.

Jamás le oi levantar la voz. Jamás le vi gesticular a la cámara. Jamás le vi dudas cuando escogía una opción y, menos aun, arrepentirse, desdecirse, mentir… Pues en esto se ha convertido, desgraciadamente, el ciclismo. Armstrong ya fue una bofetada para este deporte porque la soberbia, la arrogancia, la chulería y el dopaje fueron sus banderas para ganar 7 Tours. “Ya vendrá algo mejor”, pensaba. Pero me equivoqué de medio a medio.

Las payasadas de Contador me hacen añorar la chulería de Armstrong. Es así de duro, pero es así. Con el americano veías un deporte en el que sólo importaba ganar, y si podías humillar a tus rivales, lo hacías sin piedad, aunque no fuera necesario. Es el deporte como lo ven los americanos: Una competición física. Si eres más fuerte, arrasa y si eres más debil, lucha hasta la muerte.

Para mi el deporte va más allá de eso: Los grandes campeones SIEMPRE tienen detalles humides, pequeños que les hacen muy grandes. A mi me parece increible oir a Nadal en la previa de un cuadro grande, jugando con el 234 del mundo, diciendo “Va a ser un partido complicado. Es un buen jugador y tendré que jugar muy bien si quiero tener opciones”. GRANDE. Pero no sólo porque lo dice, si no porque su respeto en la pista por el rival es máximo: gane o pierda, arrase o sea abasallado. Él quiere ganar, se le nota, se le siente. Pero no hay atisbo para el rencor, los malos modos, las marrullerías, la venganza (Dios, le dio la mano a Soderling despues de lo que le hizo y dijo el año pasado!!).

El señor Contador quiere ser eso… pero no sabe cómo hacerlo, porque, simplemente no sabe los que es ser GRANDE. Corre pensando en el peqiodico de mañana y se escuda en un “no lo vi” en un “es que yo no quería” o en un “es que somos amigos”. Como diría Fernán Gómez: ¡A la mierda!. Señores, esto es una competición y, como en todo deporte, los momentos importan. Si un jugador de fútbol se hace daño y el portero contrario va a sacar de puerta, pues se para. Pero lo que no es de recibo es que el delantero de un equipo se enfade porque el equipo contrario haya metido gol cuando a él le ha entrado un mosquito en el ojo, en vez de tirarla fuera para que le atiendan.

Que a Shleck se le salio la cadena cuando atacaba, pues se siente. ¿Qué coño es eso de estar llorando durande dias y dejar ganar una etapa en vez de asegurarse el Tour? ¿Pero a qué jugamos? Indurain dejaba ganar las etapas a otros porque les sacaba 4 minutos y sabia que en la contra reloj los iba a masacrar a todos… Pero que nadie dude de que si Miguel se hubiera jugado la victoria en París en una etapa, la hubiera luchado hasta el final y desde luego no hubiera pedido disculpas en su twiter porque… ESTO ES DEPORTE… perdón… ESTO ERA DEPORTE.